¿AMOR O MACHISMO?
Sobre “Te doy mis ojos” de Icíar
Bollaín
Dice Elvira Lindo ("El mensaje", EL PAÍS 15-10-2003) que la
película Te doy mis ojos de Icíar Bollaín "no es un docudrama sobre la
violencia, es algo mucho más complejo. Asombrosamente hay amor en los
personajes. Amor equivocado, turbio, contaminado por los complejos, por la ira,
por la sumisión. [.] El miedo de ella, la ira de él, nos hacen volver a casa
sobrecogidos."
Soy psicoterapeuta,
comprometido desde hace años con la lucha contra la violencia masculina contra
las mujeres y los niños. En programas de concienciación dirigidos a estudiantes
de secundaria he utilizado varias veces un corto anterior de Icíar Bollaín,
prota- gonizado también por Luis Tosar, que se llama precisamente Amores que
matan. Por eso he aguardado con expectaciones el largo- metraje Te doy mis ojos
y, de hecho, el emocionante retrato psicológico de la mujer maltratada, de su
entorno personal y del maltra- tador me ha dejado sobrecogido también a mi. Sin
embargo me decepcionó la manera de desarrollar el argumento de una posible
terapia para maltratadotes, tema del cual Amores que matan trata casi
exclusivamente y que constituye el tercer "protagonista" de Te doy
mis ojos.
En Amores que matan el
maltratador está internado (o sea alejado de su víctima) en un Centro de
Reeducación de Agresores. La película deja bien claro que tal centro es pura
ficción (a diferencia de la existencia de mujeres maltratadas y asesinadas, que
es pura realidad) y sirve como marco para dibujar perfiles de los hombres que
ejercen violencia. Ese dibujo, junto a la trágica ironía del título, hacen de
Amores que matan un material muy útil para discutir sobre los roles de género
que son el caldo cultivo de esa violencia. La esencia de la misma queda
resumida en la última frase del corto, pronunciada de hecho por un hombre
entrevistado por la calle: "no es que [el maltratador] esté enfermo y
cuando le dan estos ataques pega a su mujer [.]. Es un señor [.] que domina su
casa, domina sus muebles y dentro de sus muebles está incluida su señora, pues
la puede tratar como a él le da la gana."
El largometraje transmite sin
embargo la idea de un modelo terapéutico ya establecido y, a juzgar por los
resultados que se ven, totalmente inútil. Ese modelo se limita a apelar a la
racionalidad y la fuerza de voluntad del maltratador. Éste sigue conviviendo
con su mujer e hijo y acude al psicólogo en régimen de ambulatorio, con lo que
convierte a su mujer (desasistida y sin protección) en campo de prueba de unas
técnicas conductistas para controlar la ira. Me causa una profunda pena en mi
triple condición de espec- tador, hombre y psicoterapeuta que sólo la hermana
de la mujer maltratada sea capaz de pronunciar con claridad la idea de que
"quien te ama, no te maltrata", mientras el psicólogo no tiene
palabras para señalar el verdadero contaminante de cualquier amor: la
intolerancia a la igualdad.
Péter Szil, Alicante